UBUNTU

UBUNTU

Existen en otras lenguas palabras que no son traducibles en nuestro idioma, y a mí me gusta coleccionarlas. Warmdusheres en alemán, aquella persona conformista, que solo toma duchas templadas en el sentido de que no sale de su zona de confort. Trepverter en el idioma Yidis significa la respuesta ingeniosa que se te ocurre cuando ya es demasiado tarde para usarla, Fika, en Sueco, es el acto de reunirse en torno a un café para conversar relajadamente. Y por supuesto, mi palabra preferida: Ubuntu.

 

Ubuntu define la filosofía sudafricana donde el grupo, la cooperación y la bondad humana está por encima de los individualismos y los egos. La traducción literal seria “Soy lo que soy debido a lo que todos somos”. Cuenta la leyenda que, si pones a un grupo de niños a competir por una bolsa de caramelos, todos corren de la mano para llegar a la vez y poder compartir el premio. Es obvio que vocabulario y sociedad van de la mano, y por ello las lenguas son vivas, pero centrémonos en el concepto de Ubuntu y como va a ser cada vez más imprescindible para nuestra supervivencia como especie.

 

El sociólogo holandés German Hofstede midió ya en los años setenta cuanto de individualista versus colectivista es una sociedad. Lo hizo pasando unas cien mil entrevistas en setenta países diferentes, y entre sus resultados se podía comprobar que cuanto más avanzada económicamente era una sociedad, superior es el índice de individualismo. En el ranking se sitúa por ejemplo Estados Unidos en un 91 sobre 100 de puntuación en individualismo, y entre los países más colectivistas situaríamos a Panamá, Costa Rica o Indonesia. Los individualistas valoran sobre todo los objetivos personales, la autonomía, la privacidad frente a la lealtad del grupo, miran por sí mismos y por su familia y valoran el éxito personal, la libertad y la autonomía. Los colectivistas, por el contrario, se integran más en su grupo, los intereses colectivos estarían por encima sobre los individuales, valoran la seguridad colectiva, la jerarquía y las relaciones con los demás, la comunicación y el contacto es más profundo, también hay más colaboración y sentimiento de pertenencia al grupo. Por cierto, España, como en muchas dimensiones culturales, estamos en el percentil cincuenta.

Ubuntu define la filosofía sudafricana donde el grupo, la coperación y la bondad humana está por encima de los individualismos y los egos. La traducción literal seria “Soy lo que soy debido a lo que todos somos”.

Entonces, parece pues que el individualismo ha ido muy bien para el desarrollo económico de los países, pero los tiempos cambian, y con ellos las personas y la sociedad, en los países desarrollados estamos pasando a dar más importancia a conceptos como la calidad de vida, las relaciones sociales y el tiempo libre, y sin duda también cambian los retos, cada vez más globales.

 

La semana pasada el astronauta Reinhold Ewald afirmaba que ningún país llegaría a Marte sólo, seria un grupo internacional los que consiguiesen el hito y sería fruto de un camino colectivo. Se requiere cooperación, colaboración, apertura de mente y posicionar al grupo y al objetivo global por encima del individuo, y no será posible conseguir los objetivos de la agenda 2030 sin la implicación de todos los países y personas, no será posible la gestión de una nación sin pactos como el de la educación cada vez más necesarios, no es posible que las ciudades no sean cada vez más inclusivas, no es posible una empresa sin departamentos interconectados y sin individualismos sueltos por los pasillos.

 

Como dice el dicho, “Nadie de nosotros es mejor que la suma de todos nosotros”, practiquemos pues un poco más de Ubuntu y dejémonos de egos e individualismos.

 

by Isabel Martínez-Cosentino Ramos

No Comments
Leave a Reply