HOOKIANS & HELOTIANS

HOOKIANS & HELOTIANS

Pocas cosas son tan decisivas en la vida como el momento y el lugar del nacimiento. Cuando un bebé nace en una sociedad particular, esa sociedad se pone en marcha de inmediato para poner en contacto al niño con la cultura. Se le enseña un idioma, habilidades y una variedad de conocimientos que son específicos de esa cultura. Los llevamos a colegios acorde a nuestra cultura y le rodeamos de personas de la misma onda. Así vamos construyendo y transmitiendo los valores, las tradiciones y las normas. Creando nuestra curva de normalidad donde las formas son únicas y propias de nuestro grupo, nuestra cultura. Cultura que defenderemos con ahínco y máxima lealtad frente a otros que no se hayan formado en ella.


En el último día de clase antes de vacaciones, tocaba a mis alumnos de Comunicación Intercultural jugar a entenderse. Dividida la clase en dos grupos de dos submundos diferentes, los Hokians y los Helotians, a cada uno se les asignaban unas reglas de comportamiento diferente. Unos, los Hokians han aprendido que en su mundo no pueden tener contacto físico alguno a la hora de comunicarse, los Helotians, antes de preguntar algo a cualquier persona han de dar un abrazo a su interlocutor. El objetivo de ambos grupos en el juego era el mismo: conseguir la talla del pie del mayor número de personas del otro grupo. Objetivo sencillo que rápidamente olvidarán. Empezaban a interactuar, el caos estaba servido, todos de pie, intentando comunicarse sin éxito alguno, unos se querían abrazar, los otros no permiten el contacto físico, no se entienden, empezaban a reír, pero pronto se caen mal. Se crean tensiones, e incluso comienzan a juzgarse, -son unos ariscos, son unos sobones, nos ignoran. No hay manera.-


Muchos Hokians y Helotians en estas fechas compartimos mesa. Cada uno con sus ideas, sus códigos, sus valores y sus formas, propios de su mundo e incomprensibles para el de enfrente, y pasamos de reírnos a no entender como el otro puede pensar “así”. Y es que las formas en estas fechas toman una relevancia especial. Son días de arreglarse para las cenas de familia, de usar los cubiertos de fuera a dentro, la mesa bien puesta, y el árbol hiper decorado según el variado gusto de los anfitriones. Nos pone nerviosos, a unos más que a otros, cuando algo no encaja en nuestro formalismo, si el cuñado nos coge el pan de tu izquierda, el que sirve el vino no lo hace de la forma correcta o esa broma de sentido de humor tan diferentes que nos pueda acabar haciendo daño. Vivimos en el corsé de nuestros formalismos sin parar mucho en cuenta que lo que de verdad importa es el fondo. Adornamos las casas con luces porque necesitamos darle brillo a la rutina, bromeamos por animar una mesa y nos juntamos porque necesitamos saber que ahí siguen los pilares de nuestra existencia, que no se derrumban pese a los temblores sufridos a lo largo de la vida. Las formas son importantes, además de intransferibles e incomprensibles para quien no las comparta, pero es el fondo lo que no debemos perder de vista, porque si no, Hokians y Helotians vamos a acabar embrollados en el devenir del no entendimiento.

CUANDO UN BEBÉ NACE EN UNA SOCIEDAD PARTICULAR, ESA SOCIEDAD SE PONE EN MARCHA INMEDIATAMENTE PARA PONER EN CONTACTO AL NIÑO CON LA CULTURA.

Había acabado el juego hace rato, y mis alumnos seguían señalando a sus contrincantes con retintín. Nadie ha conseguido un triste número de zapato como era el objetivo, pero la redecilla entre las dos culturas sigue latente. Parece que nos guste vivir en ese competir de equipos, necesitamos, no solo pertenecer a un grupo, sino tener al contrincante de turno en nuestro entrecejo para reafirmarnos en nuestra postura, nuestra cultura, nuestras formas.


Felices fiestas a todos, eso sí, llenas de risas, entendimiento y comprensión, al menos entre los Hokians y Helotians, o no vamos a poder reanudar el curso. 


by Isabel Martínez-Cosentino Ramos

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